lunes, 13 de junio de 2011

La válvula de Hakim, el legado de Salomón Hakim a la humanidad



En un país como Colombia, cuya producción científica y tecnológica es marginal, los pocos logros de algunos se deben condiderar como méritos individuales de algunos auténticos doctores en ciencias, poco reconocidos en su país.

Hoy se registra, con pesar y muy poca difusión, el fallecimiento del neurólogo y neuropatólogo Salomón Hakim Dow, a los 81 años. Hakim fue el primer científico en describir el Síndrome de hidrocefalia de presión normal o hidrocefalia normotensiva (HPN), hoy conocido como como hidrocefalia crónica de adultos, a comienzos de los años 60.

En 1984 desarrolló, junto con su hijo Carlos la válvula programable que lleva su nombre y que salva las vidas de cientos de personas al año en todo el mundo.

Hakim es junto con el también neurólogo Rodolfo Llinás, el ingeniero cardiólogico Jorge Reynolds y el genetista Emilio Yunis, uno de los pilares de la ciencia médica colombiana, sin dejar de lado al mucho más promocionado inmunólogo Manuel Elkin Patarroyo.

De todos, Hakim fue pionero en lo suyo. En 1964, como profesor de neurología de la Universidad Javeriana, en Bogotá, dirigió la tesis doctoral “Algunas observaciones sobre la presión del líquido cefalorraquídeo (LCR). Síndrome hidroencefálico en el adulto con presión normal del LCR (Presentación de un nuevo síndrome)”.

Ese hecho, para la época, por si solo ya era un logro grande para cualquier científico. Entonces, el Jefe de Neurología del Hospital Militar también ostentaba el título de Asociado Antiguo en Investigaciones de Neurología y Asistente en Neuropatología, en el Harvard Medical School. Había sido además ex-residente de neurocirugía en Lahey Clinic, en Boston, (Massachussets) y exinterno en neurología y neuropatología del Massachussets General Hospital también en Boston.

Se había graduado de médico en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá y de bachillerato en el colegio de San Bartolomé, también en la capital, aunque nació en Barranquilla, en 1929, de una familia de inmigrantes libaneses.

Hakim había estudiado neurología y neuropatología en los años 50 en Estados Unidos al lado del neurólogo Raymond Adams, una de las mayores autoridades mundiales en esa disciplina para su época.

La hidrocefalia era conocida desde la antigüedad y es una condición que tiene múltiples causas, como la meningitis, las hemorragias intracraneanas, los traumas craneales, los tumores cancerígenos y en algunos casos de Alzheimer y a su vez es causa de otros problemas médicos como demencia, dificultad para caminar, incontinencia urinaria, y en estados más severos, puede llevar al coma y a la muerte.

Lo que descubrió Hakim es que no siempre cuando hay hidrocefalia hay un aumento en la presión del líquido céfaloraquídeo (LCR) en la cavidad craneana. Lo hizo al aplicar una vieja ley de la mecánica de los fluidos descrita por Pascal 300 años atrás.

Así, aunque aumente la presión en el cerebro, el tamaño de los ventrículos no se contrae, y aún así, los pacientes podían entrar en estado de coma y morir.

Tras su publicación internacional, en la que el crédito lo comparte con Adams, aunque el descubrimiento fue propio, comienza su búsqueda por una solución a este síndrome.

La primera fue el desarrollo de una vía para extraer el LCR sobrante del ventrículo cerebral, cirugía que debería ser realizada por un neurocirujano.

Cada ajuste del catéter original requería un procedimiento quirúrgico con los riesgos que eso implica.

Luego, en los años 80, con ocasión de un congreso de neurólogos en Suiza, al que asistía con su hijo Carlos Hakim, desarrolló una válvula programable que funcionaba con un dispositivo magnético.

Carlos Hakim obtuvo su doctorado como ingeniero biomecánico con la publicación del desarrollo de la primera válvula, que además contaba con el diseño de relojeros suizos, tras siete años de trabajo.

En 1986 se patentó la primera válvula programable. Los Hakim vendieron la patente a una multinacional con sede en Suiza para la fabricación del instrumento para ser distribuido en todo el mundo y rechazaron ofertas para que continuara con sus investigaciones en el exterior. Salomón Hakim decidió quedarse en Colombia y continuar en el país con sus investigaciones.

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